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domingo, 21 de noviembre de 2010

Ellas los detalles, ellos...el precio

Tenemos diferencias. Eso es sabido. Las discrepancias abarcan varios aspectos y, desde luego, el inmobiliario está incluido. Cuando tomamos la decisión de comprar o alquilar un departamento miramos cosas opuestas pero que, a la misma vez, se complementan.

Es por eso que muchas veces peleamos porque nos gustan cosas que al otro, quizás, no tanto. Alberto Grandineti y su esposa, Liliana Palumbo, conocen estas diferencias y saben cómo asesorar a las parejas que se acercan para buscar una vivienda.

Desde hace varios años dirigen la inmobiliaria Liliana Palumbo que se encuentra en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires. Allí se dividen el trabajo. Ella se queda en la oficina y él recorre las calles con los clientes que desean comprar una propiedad.

Si bien la que tiene el título de martillera es Liliana, Alberto fue el primero que quiso adentrarse en el mundo de los inmuebles. Como no podía estudiar porque no había terminado el secundario, su esposa hizo el curso y así se forjó esta empresa familiar que hoy forma parte del directorio inmobiliario de la zona sur.

“Primero viene el hombre a mirar el departamento, si le gusta, vuelve con su esposa o su novia, si a ella le pareció bien, lo compran”, explica Liliana, quien aclara que por lo general la que toma la decisión final es la mujer por el simple hecho de que presta atención a los detalles.

Alberto no la contradice, al contrario: “Como el hombre no está nunca en la casa, busca otras cosas. Quizá prefiere que esté en una zona de acceso rápido a que tenga una cocina amplia”. Ellos conocen a la perfección tanto la mente masculina como la femenina. Saben qué recomendar y qué no, para cada caso.

En esta entrevista te vas a enterar de cuáles son las cosas que eligen las mujeres y los hombres y, además como bonus track, algunos tips para comprar un buen departamento.




domingo, 19 de septiembre de 2010

No lo digas con mímica

“¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?”. Más allá de ser una canción de Vicentico, es una sensación y una pregunta que nos pasa a diario.

¿Por qué será que tenemos que decir todo con palabras? ¿Qué pasa que no nos entendemos con gestos? ¿No te alcanzan los mensajes subliminales que te mando para que te des cuenta que estoy muerto/a con vos? Se ve que no.

Pasa todo el tiempo. Como una historia que se repite sin cesar, entonces: ¿Cómo hacemos para entendernos?, porque no solo es hablarnos. Con esto no quiero decir que seamos tontos. Más bien, que manejamos diferentes lenguajes o tenemos diferentes maneras de expresarnos.

Lo que ellos dicen:

- Si nos acercamos nosotras, pueden pensar que somos rápidas o estamos desesperadas. No solo eso, también pasa que ellos se creen lo más porque tienen a todas las chicas atrás de ellos. Esto hace que su ego masculino se eleve.

- Si se nos acercan ellos pero no nos entregamos en los primeros días, somos HISTÉRICAS o tenemos algún problema psicológico.

- Si se nos acercan ellos y nos entregamos, somos RÁPIDAS. En este punto creo que no hay discusión ni dudas.

- Si se nos acercan ellos y no les damos bolilla, surge la conocida frase “¡Qué te hacés la linda Pokemón!”. No hay nada más que aclarar.

Lo que ellas dicen:

- Si se nos acercan ellos y no paran de hablar de si mismos, son egocéntricos, agrandados y quieren fanfarronear sobre sus habilidades, posesiones materiales, etc.

- Si se acercan pero quieren saber TODO de nosotras, son chamuyeros que solo pretenden que “entremos en clima” para desplegar su juego de seducción.

- Si nos acercamos pueden sentirse inhibidos o intimidados ante nuestro coraje o avance. También suelen creer que somos independientes y dominantes y por eso huyen.

Esto no es nada. Cuando ya nos conocemos y estamos en una relación amorosa o amistosa, tampoco llegamos a comprender exactamente lo que queremos decir.

Lo que hacemos entonces, es tirar mensajes subliminales. Las mujeres lo hacemos para ser sutiles y no parecer rápidas o entregadas. Los hombres por miedo al rechazo o la desaprobación.

El factor que la mujer tiene que tener en cuenta es el pensamiento rebuscado, que tiene tantos ribetes que el hombre teme sentirse atrapado, con la sensación creciente que nada de lo que haga va a ser suficiente para ordenarlo”, explica el psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin, columnista de entremujeres.com en su artículo “Cómo estar disponible sin parecer desesperada”.

En cuanto a los hombres, la mayoría de las mujeres nos quejamos de que son histéricos o no saben lo que quieren. “El humor cambiante, los caprichos, los celos, la necesidad permanente de ser el centro de atención, la frivolidad, la labia atractiva, insinuante, el cuerpo grácil que atrapa la mirada de los otros, la poca disposición a la reflexión, la facilidad para amoldarse a los demás para obtener el cuidado, son todas características de los hombres histéricos”. Estas son las cualidades a las que, según Ghedin expone en su artículo “Identikit masculino”, tenemos que prestar atención para detectar este tipo de hombre.

“Aunque los dichos populares expresan ´¿quién entiende a las mujeres?´, en verdad, entenderlos a ellos no es fácil”, opina la escritora Alejandra Stamateas en su libro “Estoy casada pero me siento sola”, de Editorial Planeta. Para entendernos de una buena manera, va a ser mejor que hablemos y mostremos la realidad de nuestros sentimientos cuando los tengamos lo más claros posibles. La mejor manera de tener una relación es discutir los problemas ahora, y no después.

¡Seguí leyendo!:

http://www.cosmoonline.com.ar/notaSexoPareja.php?ID=11

http://www.cosmoonline.com.ar/notaEllos.php?ID=314

http://www.entremujeres.com/pareja/hombres/transpiracion-sexual-sexo-conquista-levante-seduccion-levantar-seducir-conocer-mujer-mujeres-cuerpo-siente-tension-estres-respiracion-estomago-dolor-inseguirdad-timidez-timido_0_314968504.html

http://www.entremujeres.com/pareja/hombres/columnista-ghedin-hombres-histeria-histerico-masculina-huyen-escapan-psicologo-pareja-amor_0_314368568.html

http://www.entremujeres.com/pareja/vinculos/columnista-alejandra-stamateas-libro-escritora-autoayuda-casada-mujer-marido-esposo-sola-hombres-no_entiendo_0_318568162.html

¡Escuchala!

ALGO CONTIGO- VICENTICO




Por Jésica Neuah

lunes, 6 de septiembre de 2010

Las mujeres argentinas aceptaron el reto

A lo largo de la historia, las mujeres opinaron, influyeron, intervinieron y actuaron en la vida pública. Participaron en la construcción del progreso de su figura. Actuaron en cuestiones sociales, políticas. Trabajaron en distintas ocupaciones en campos, montañas y ciudades. Ellas fueron fundamentales en educación y sus huellas, vivas y profundas, se encuentran presentes, incluso, en nuestra cultura.

Es que la historia de las mujeres en la argentina es, sin dudas, evolutiva.

Mientras miles de ellas aparecen como un mero elemento decorativo para los libros de historia, como aquellas que organizaban las tertulias, otras sacudieron a la sociedad tradicional y estática de aquel 1800 con sus deseos e ideas de igualdad.

Durante las invaciones inglesas, Manuela Pedraza combatió codo a codo junto a su esposo; y Martina Céspedes los hacía prisioneros cuando los invitaba a pasar a su casa a tomar aguardiente.

Así también, en el norte del territorio, las guerras de independencia llevaron a la coronela Juana Azurduy el frente de los campos de batalla y a Magdalena Macacha Guemes a participar en múltiples negociaciones a favor de la causa patriótica.

Anónimas, casi imperceptibles y de todas clases sociales cocían los trajes de las tropas, juntaban dinero, protestaban las casas para las reuniones, pero también discutían ideas.

Si bien la mujer no gozó de la condición formal de ciudadana, durante todo el siglo 19 y buena parte del 20, fue la inmigración el fenómeno que contribuyó a la participación popular.

Hasta la década del 30, aquellas que trabajan, lo siguieron haciendo en las explotaciones de tipo familiar y en las pequeñas empresas tradicionales. Fue el proceso de industrialización el que permitió una masiva incorporación de la mujer a las fábricas. A partir de allí, también empezaron a intervenir en el movimiento sindical.

Tal vez, Eva Perón constituya el mito de la mujer en la historia Argentina. Sus obras, luchas y logros políticos por el género femenino, como el impulso a la sanción de la Ley 10.013 ( Voto femenino ), concreto el poder de la mujer en las decisiones del país.

Cuando las ideas de emancipación femenina estaban en auge, los 60 y 70 mostraban mujeres militantes. Pero esa lucha fue cortada abruptamente por la dictadura militar iniciada por Videla. Allí, con su dolor a cuestas, fue donde aparecen las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que, con su lucha y resistencia, se transformaron en sinónimo de Derechos Humanos.

La imponente presencia de la mujer se puede observar incluso en la actualidad, en lugares donde los hombres no se imaginaban.

Las mujeres de hoy en día son independientes. Ellas solas logran superar todas las situaciones que la vida les impone, sintiéndose realizadas. Porque una mujer realizada no es únicamente la que trabaja o la que se dedica exclusivamente a la familia. Una mujer realizada es aquella que cumple con sus metas y objetivos siendo exitosa.

Ellas han logrado demostrar que pueden competir con el hombre logrando alcanzarlo y superarlo.

Mientras tanto la historia aún se sigue escribiendo.


Un enfrentamiento diario, en el que ellas saben demostrar que nada, ni nadie, las detiene para llegar a la meta.
Simplemente porque aceptan el reto.





martes, 31 de agosto de 2010

Discutir, no pelear

Nos peleamos. Y no fue una discusión porque ahí hay debate, intercambio de ideas, de razones. Lo nuestro no tuvo tanto vuelo, hay que ser sinceros. Simplemente se trató de agredir verbalmente al otro, como queriendo ganar algo; igual que en un combate, una guerra, una contienda. Creo que si hay algo por ganar deberíamos alcanzarlo juntos, ¿no? Odio cuando siento que nos volvemos opuestos, antagonistas en la misma novela que por lo general protagonizamos.

Una pareja es, para mí, sencillamente eso: una relación entre pares. Si estamos bien o si estamos mal es gracias o por culpa de los dos. No me parece válido buscar víctimas y victimarios, ambos debemos tener algo de culpa y algo de razón. Pero creo que es fundamental que tiremos los dos del mismo lado de la soga porque, si no, nos estancamos ahí y no avanzamos.

A veces me resulta raro cómo podemos discutir un día entero por teléfono, cortar con bronca y pensando “que no me llame nunca más”. Y después nos vemos, y todo cambia. Por algún motivo cuando estamos frente a frente logramos arreglar todo lo que horas de teléfono no pudieron. Quizás sea porque en persona sí somos capaces de discutir, y no de pelear. No entiendo entonces qué magia rara tiene el teléfono que nos vuelve tan mordaces, tan irónicos, tan hirientes.

Alguna vez Joaquín Sabina - como tantos otros - se preguntó a dónde van a parar los sueños rotos. ¿Sería válido preguntarse a dónde van a parar las peleas viejas? Porque tengo el presentimiento de que se guardan en algún lado, y eso no me gusta, me preocupa. Me angustia. ¿Y si se están acumulando en el fondo del mar ahora calmo? ¿Qué va a pasar el día en que todas esas palabras dichas en caliente, sin pensar, sean suficientes y salgan nuevamente a flote? Me preocupa.

Creo que no deberíamos acumular peleas. Sí, suena idílico y surrealista, pero realmente creo que tendríamos que evitarlo. Porque, si alguien me preguntara el motivo, realmente no lo sé. No me acuerdo. Era algo tan cotidiano, tan sin importancia que ni siquiera soy capaz de recordarlo. Por ahí se trató de algo que me dijiste y no me gustó, o quizás de algún malentendido. Sé que empezó por teléfono mientras hablábamos de cualquier cosa. Después se fue complicando, cada vez nos enredamos más con los “yo te dije”, “porque yo en realidad te había dicho”, “y vos me dijiste”. Y, finalmente, lo solucionamos todo cuando nos vimos.

No quiero pelear, porque creo que todo eso se archiva en algún lado; no nos hace crecer juntos, sólo lastimarnos. En una discusión es distinto, podemos aprender del otro, ver su punto de vista, entender qué cosas estuvieron bien y cuáles estuvieron mal, qué nos suma y que no. Y, en base a eso, seguir avanzando.

Pero si todo esto suena demasiado pretencioso, al menos, dediquémonos a pelear cuando tengamos un motivo. No porque sí, no porque estamos cansados o fastidiosos. Discutamos, no peleemos.




Por Wanda Marzullo

miércoles, 25 de agosto de 2010

Hello, hello!!!

“You say yes, I say no/ you say goodbye and I say hello”. Discusiones. Todo comienza con un gesto, una mirada o una palabra, tal como lo dice “Hello goodbye”, la canción de los Beatles. Durante años hombres y mujeres peleamos. No importan los motivos, relevantes o sin sentido. Todos encienden nuestros motores y pasiones en función de una sola cosa: Tener la razón.
Es por esto que chocamos, nos enojamos, aplicamos la famosa “Ley del hielo” y en menor medida, decidimos tomar caminos separados. Lo peor es que nada nos detiene. Ni romper códigos y corazones, bajar autoestimas, o dejar de hablarle a una persona. Nada. Tampoco tenemos límites. A menudo jugamos con sentimientos propios y ajenos, dejamos destruidos sueños e ilusiones.
El objetivo de las peleas es acorralar y dejar entre la espada y la pared al otro. Nos tornamos crueles y tenaces en esa tarea. Demostramos que somos mejores, que podemos, que razonamos más rápido o lo pensamos primero. Pero en el camino decimos cosas que, por lo general, no queremos decir. Hablamos sin filtro. Arruinamos momentos, aplastamos planes.
Hay muchos desencadenantes de discusiones. Ese es el tema del blog. Mostrar las dos campanas, las distintas versiones de los hechos. Contar los como relatan los medios, el arte, el cine, el teatro, los libros. Las miradas masculinas y las femeninas. Una especie de batalla de los sexos de la narrativa digital.
El universo de las peleas y los puntos de vista no tiene fin. Y tampoco solución. Es una cuestión de convivir con las diferencias, de tolerar las críticas y respetar las opiniones.
Es inmenso el mar de dudas, sugerencias y comentarios que surgen de las discusiones. Nunca vamos a terminar de pelear por que está en nuestra sangre y naturaleza. Somos diferentes. Ya lo dijeron los Beatles “I don't know why you say goodbye and I say hello”.
Por Jésica Neuah