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domingo, 26 de septiembre de 2010

Tango, misterio y muerte


Muchas personas se ven fascinadas por las historias de amor. Les gustan cuando tienen un final feliz y también cuando el desenlace es trágico. En esta oportunidad, voy a presentarles la vida de Ada Falcón, una cantante de tango que se entregó al amor y su apuesta, no resultó lo que esperaba.

Cautivaba la mirada de los hombres con sus ojos verdes y su pelo morocho. Fue pionera en su género y llegó a ser muy reconocida. Comenzó desde muy chica en la música y también incursionó en el cine, con papeles menores.

Nació en 1905 en Buenos Aires. Fue muy apegada a su madre, quien incentivó y orientó su carrera tanguera. El momento clave de su meteórico ascenso a la fama fue la grabación de “La morocha” junto Francisco Canaro. Fue compañera artística de Carlos Gardel y Enrique Santos Discépolo.

La leyenda cuenta que el zorzal criollo le pidió varias veces que le enseñe a cantar “Yo no sé que me han hecho tus ojos”, canción que escribió Canaro.

La dupla artística de Canaro y Falcón rápidamente se transformó en algo más. Ada se enamoró perdidamente de él, que era un hombre casado pero también un conocido mujeriego.

Durante diez años mantuvieron un romance pasional a escondidas. En ese período grabaron hasta 15 discos por mes.

“Yo no se que me han hecho tus ojos/ que me embrujan con su resplandor,/ solo se que yo llevo en el alma / tu imagen marcada con el fuego de amor”, es uno de los versos de “Yo no sé que me han hecho tus ojos”, la canción que Canaro le escribió a Ada pensando en su mirada verde.

Siempre tuvo la esperanza de que su amante se separara de su esposa “La francesa”. Canaro sabía que nunca haría eso ya que tendría que darle la mitad de sus ganancias a su mujer.

Ada comenzó a tener aires de diva. Cuentan que cuando cantaba en Radio El Mundo quiso que nadie la viera, entonces pidió un estudio más chico y cantaba detrás de una cortina que la separaba de su propia orquesta.

Su vida cambió a los 35 años cuando se enteró que Francisco Canaro la había engañado con su hermana. Ese fue el hito que marcó el fin de su carrera artística. Repartió sus bienes materiales entre sus allegados y se mudó junto a su madre a Salsipuedes, en la provincia de Córdoba.

Se recluyó en un convento franciscano en las sierras cordobesas y a partir de allí, no se supo nada más de ella. El 4 de enero de 2002 falleció de un paro cardíaco a los 96 años. Sus restos fueron inhumados en el Panteón de Compositores del cementerio de Chacarita.

A pesar de haberse alejado de su gran amor, su tumba queda a escasos metros de la de Francisco Canaro.

En 2003 se estrenó una película sobre su vida a modo de homenaje, “Yo no se que me han hecho tus ojos”, dirigida por Sergio Wolf y Lorena Munoz. También, en 2010 se emite “Te quiero”, un capítulo del programa “Lo que el tiempo nos dejó”, protagonizado por Julieta Díaz y Leonardo Sbaraglia, basado en su vida.


ESCUCHALA! YO NO SE QUE ME HAN HECHO TUS OJOS POR ADA FALCÓN







Por Jésica Neuah

martes, 31 de agosto de 2010

De conciliador y buenas películas

Trabajo hace tres años en un videoclub y más que a menudo, sobre todo los sábados a la noche, escucho la frase: “che gordo, ¿qué vemos?”. Cada vez que entra a una parejita de novios al local, sabemos que, casi como etapas de manual, se va a repetir la misma seguidilla de situaciones:
1) Ella y él entran de la mano. Saludan contentos. Preguntan dónde están los estrenos y se van abrazados para esa parte del local.
2) Pasan 15 minutos viendo carátulas. Indecisos por el género empieza la charla en un tono ameno que, al poco rato, se irá elevando en decibeles. Porque ella quiere ver una comedia romántica, y él, una de acción.
3) Finalmente logran conciliar, generalmente en alguna peli de suspenso que a alguno de los dos le dijeron que “estaba buena”. Agarran esa carátula y la llevan al mostrador. Siempre sin percatar que atrás no estaba la caja correspondiente, que implica que ese título estaba ya alquilado.
4) Vuelven al salón, ya no abrazados como hace unos minutos.
5) Al reproche de el “te dije que tenías que agarrar la de atrás” (siempre uno se lo hace al otro) comienzan las frases del tipo “¿y entones que vemos”?, “andá a preguntarle al pibe que te recomiende algo” o “en este video nunca hay nada” (no notan que difícilmente encuentren mucho si vienen a alquilar un sábado frío de invierno 15 minutos antes del cierre)
6) Él generalmente, ya ofuscado, se acerca al mostrador y pide algo “copado”. A lo que uno deja de hacer lo que tenía que y va a tratar de “ayudar” para que la salida al video no termine en un “lo discutimos después…”
7) Al vivir estas situaciones a menudo, uno se vuelve más canchero en este tipo de cosas y siempre tiene tres o cuatro títulos para recomendar y no tomar partido por nadie. Así uno que quiere ya cerrar el local y volver rápido a casa, los deja discutiendo, esta vez en un tono alto, pero avisando que en 5 minutos se cierra.
8) Pero por más esfuerzo que uno quiera poner, generalmente la conversación pasa a reproche. Y ya en el mostrador, cada uno por su lado, ella elige su golosina y mira a su novio con cara de aprobación. A lo que él compra para intentar remediar la situación.
9) Sin decir palabra, se miran y vuelven a abrazarse. Y se van, conformes, con la idea que se llevan la mejor película del mundo.
Uno se queda esperando que la recomendación sea del agrado de ambos y que la próxima que vuelvan al local con la misma sonrisa de cuando ese día entraron.
Desde este espacio trataré de ser el conciliador. De recomendar buenos estrenos, salidos en DVD o de cine, para que ver la peli juntos sea un disfrute, para los dos.

Por Pablo Lancone